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Coaching para ser feliz contigo

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Maite Nicuesa Guelbenzu, Doctora en Filosofía y Especialista en Coaching


Los puentes de Madison: ¿Amor verdadero o pasión idealizada?

Publicado por Maite Nicuesa activado 31 Julio 2017, 10:12am

Etiquetas: #cine

Los puentes de Madison: ¿Amor verdadero o pasión idealizada?

"Los puentes de Madison" es una de esas películas que no requiere de grandes efectos especiales porque la interpretación magistral de Meryl Streep y Clint Eastwood aporta a la trama una intensidad emocional sin límites. El final de esta película es uno de los mejores de la historia del cine.

Sin embargo, no es lo mismo analizar esta película dentro de los márgenes de la ficción que hacerlo en términos realistas de lo que significa vivir una historia de amor extramatrimonial durante cuatro días. Francesca Johnson, una ama de casa que experimenta el peso negativo de la rutina matrimonial, se siente nuevamente deseada por la mirada del interesante Robert Kincaid, un fotógrafo de la revista National Geographic.

Ambos se conocen justo cuando la familia de Francesa está de viaje y por primera vez en mucho tiempo disfruta de cuatro días de soledad en su casa. Cuatro días que son los que en el argumento de la trama son determinantes para marcar un punto de inflexión en la vida de la protagonista.

Traducir esto en el lenguaje de la vida real y no en el de la ficción significa comprender que nadie puede amar de un modo incondicional a otra persona en un tiempo tan breve. Es posible experimentar una pasión, un flechazo, una ilusión. Sin embargo, siempre centrando la explicación en el caso de los protagonistas, sorprende la capacidad de disociación que tiene la protagonista de la historia para evadirse completamente de su vida familiar (por muy rutinaria que fuese) para vivir una pasión sin límites, para integrarse nuevamente a su vida de siempre después de esos cuatro días como si nada de aquello hubiese pasado, cuando en su interior, sí había pasado un mundo. Sin embargo, en la superficie todo sigue igual que siempre.

"Los puentes de Madison" es una de esas películas que plantea un debate ético sobre la infidelidad a través de escenas en las que es difícil no experimentar cierto rechazo moral no por la historia en sí misma, que evidentemente es muy bonita, sino por el contexto en el que se ha producido. Es decir, un amor clandestino que precisamente, deja de existir cuando la familia de ella regresa a casa después de esos cuatro días y ella se adapta nuevamente a su vida de siempre.

Sorprende, por ejemplo, que si ese amor era tan intenso ambos no se diesen la oportunidad de poder verse en el futuro para tomar una decisión definitiva. "Los puentes de Madison", llevados a la vida real, me parecen un verdadero sufrimiento por el peso y la frustración que tiene que ser vivir una vida reprimiendo un gran secreto y un gran amor, una represión que puede ahogar el alma.

Y esta es la verdadera tragedia que muestra la película solo que edulcora el drama con la idea del romance. Pero es una verdadera tragedia vivir una vida contraria a los verdaderos dictados del corazón, sin hacer nada por cambiar esa realidad. La película destaca por sus grandes diálogos con frases hermosas de amor: "No quiero necesitarte porque no puedo tenerte", una frase que Robert dice a Francesca. 

"Los puentes de Madison" nos muestra el relato de una historia de amor contada en forma de un diario que los hijos leen como un legado vital de su madre. Un diario en el que constantemente se puede observar cómo aquella historia de amor de cuatro días fue una realidad presente durante toda su vida, incluso, hasta su muerte. Y aquí nuevamente surge la trampa psicológica de "Los puentes de Madison".

Una trampa muy presente también en las comedias románticas donde la pareja disfruta de ese final feliz pero el espectador no puede observar qué es lo que viene después. Igualmente en esta cinta, los protagonistas han vivido idealizando una historia de cuatro días cuando a lo mejor, si se hubiesen dado la oportunidad de vivir ese amor hubiesen descubierto que no estaban hechos el uno para el otro, que no eran compatibles o que eran infelices juntos. 

Cuatro días en los que dos personas se proyectan en los ojos de la otra, sumando a la propia atracción física y emocional que sienten, ese agradable contexto de novedad que todavía aporta una mayor curiosidad al deseo de conocer al otro. Sin embargo, tal vez sea el propio contexto de lo que se siente como prohibido el que añade todavía más misterio a la historia.

Tal vez, si ambos se hubiesen conocido en circunstancias diferentes, nada hubiese sido tan intenso. Y es que, aunque evidentemente la libertad forma parte del ser humano, y que las circunstancias no nos determinan de un modo definitivo, las circunstancias de nuestra vida sí influyen en la toma de decisiones. Y una de las razones por las que Francesca no se va con Robert es porque ella sabe lo que eso significa como madre no solo para sus hijos, sino para sí misma, en la sociedad de en torno a 1960. 

Esta película también alimenta la idea del destino a partir de mensajes como este: "Creo que los lugares en que he estado y las fotos que he hecho durante mi vida me han estado conduciendo hacia ti". Decir esto en una historia de cuatro días es como hacer una promesa imposible de cumplir. ¿Por qué motivo? Porque en un momento de exaltación de la pasión y las emociones, la razón pierde objetividad. Los estereotipos de las comedias románticas tienen una gran influencia social pero es importante no confundir ficción con realidad. 

Y después de aquella historia de cuatro días que Francesa y Robert recordarán hasta su muerte, aquella historia por la que ella decidió no luchar más, si esto se produce en la vida real, creo que lo más sano a nivel emocional es hacer todo lo posible para olvidar a la otra persona para no seguir alimentando el recuerdo de un fantasma

El otro día emitieron en televisión la película "Los puentes de Madison". Había visto en anteriores ocasiones el final de la historia, como digo, uno de los mejores del cine. Sin embargo, nunca había visto la cinta completa. Por esa razón, me he animado a escribir mi propia reseña sobre esta obra para reflexionar, a modo de coaching, sobre el amor verdadero o la pasión idealizada en torno a una película que cualquier espectador debería ver alguna vez en su vida.

Yo creo que se trata de una pasión idealizada precisamente porque no tuvieron el tiempo necesario para conocerse y cada uno vivió en la distancia, haciendo cada uno su vida, alimentando en su interior el recuerdo de cuatro días de ensueño. Sin embargo, toda una vida, todo un destino, no puede resumirse en tan poco tiempo. 

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